¿Adquiriste bienes a plazos y aún sigues pagando?

Foto: Archivo/El Economista

Meses sin intereses implican comprometer tu flujo de efectivo, sólo debes utilizarlos con bienes duraderos

Muchas veces escucho a personas que se endeudan de manera importante, con la justificación de que “lo compré a meses sin intereses”. El problema no es el costo financiero de la deuda, sino que compromete nuestro flujo de efectivo futuro.

Cuando compras a “meses sin intereses”, debes tomar en cuenta que la mensualidad que tendrás que pagar durante el plazo pactado es dinero que no tendrás disponible para otras cosas.

En otras palabras, estamos comprometiendo parte de nuestro ingreso futuro para pagar esos bienes, siempre debemos tenerlo en cuenta para no comprometer más de 30% de nuestros ingresos para pagar deudas.

¿Qué comprar y qué no a meses sin intereses?

¿Vale la pena? Depende de la manera como uno utilice ese tipo de promociones. Es posible que nuestro refrigerador o la lavadora ya estén en las últimas y necesitemos cambiarlos. Son bienes que duran muchos años. Si no tenemos el dinero suficiente para pagarlos de contado, hacemos cuentas y podemos pagar la mensualidad con comodidad, posiblemente convenga adquirirlos a mensualidades sin intereses. Si de todos modos tenemos que tomar un crédito, que sea el mejor y el más barato que podamos.

Pero hay otros objetos que no deberíamos comprar utilizando estas promociones: ropa para nuestros hijos, alimentos, consumos en restaurantes, licores, enseres menores, entre otros.

¿Por qué? Simplemente porque son compras que uno tiene que hacer regularmente o bien, objetos que duran poco. El comprarlas a meses sin intereses nos puede generar una ilusión falsa de que nos alcanza. Es decir, podemos fácilmente comprar a la ligera y gastar mucho más de lo que en realidad podemos pagar.

Los plazos ideales para
los meses sin intereses

Se acerca la promoción denominada el Buen Fin, en donde escasean las verdaderas ofertas, pero abundan las promociones a más de un año sin intereses.

Ya no es difícil encontrar ventas nocturnas en las que se nos ofrecen 15 mensualidades sin intereses, por ejemplo. Lo cual significa que el próximo año quizá no podamos participar porque seguiremos pagando lo que compramos un año atrás.

He visto jugueterías que llegan a ofrecer hasta 24 meses sin intereses. Comprar los regalos de Navidad mediante este tipo de ofertas significa que para la próxima todavía nos faltará un año más para poderlas pagar.

Aun cuando el financiamiento es, en teoría, gratuito, el compromiso es muy grande y el efecto en nuestro flujo de efectivo puede ser desastroso.

Debemos pagar primero
 y comprar después

El ahorro es precisamente esto: pagar primero y una vez que tengamos el dinero. Ése es el concepto: sacrificar consumo presente para formar un patrimonio que nos permita, en un futuro, alcanzar una meta.

Mucha gente, sin embargo, hace lo contrario: compra hoy y paga después casi todas las cosas. Se endeuda con tarjetas de crédito, saldo que va creciendo cada mes, hasta que el destino los alcanza. Por eso hay gente tan endeudada, porque comenzó a vivir por arriba de sus posibilidades. Eso no quiere decir que el crédito sea malo en sí mismo: es simplemente una herramienta que hay que saber utilizar.

Por eso siempre he dicho que el crédito tiene dos componentes: uno es su costo financiero (los intereses y comisiones que pagamos por tener acceso a él) y otro muy importante es su efecto en nuestro flujo de efectivo (que podamos hacer frente al pago mensual y durante cuánto tiempo adquirimos ese compromiso).

No poder ahorrar o no poder adquirir un bien que podríamos fácilmente sufragar por el hecho de que seguimos pagando aquello que compramos hace más de un año no es una buena forma de manejar nuestros recursos.

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CRÉDITO: 
Joan Lanzagorta*