Borrón y cuenta nueva en el Gobierno

Foto: Especial

Apremiante simplificar las reglas de operación del Fondo Pyme

A escasas 72 horas de que el ciudadano presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, pase a ser ya solamente Felipe Calderón, los análisis de su sexenio comienzan a surgir cada vez más crudos y objetivos. Lo que más me llama la atención es, sin embargo, cómo permitió que, de último minuto, su relación con el sector empresarial mexicano se tensara por decisiones que en verdad se antojan absurdas, sobre todo, por hacerlas al cuarto para las tres, como es la decisión de la fusión de zonas económicas en materia de salarios mínimos, en contra de la opinión del sector patronal.

Pero cada quien sabe lo que hace, seguramente el presidente Calderón debe estar pensando refugiarse en la Academia; muy seguramente, en alguna universidad de nuestros vecinos del norte, pues -como puede observarse-, no se le ven muchas ganas de dedicarse a alguna actividad empresarial.

Otra posibilidad sería también su ingreso a alguna organización internacional, sobre todo, por el atractivo que debe representar para él realizar sus actividades fuera del país, por cuestiones de seguridad.

En materia de la política de apoyo a la micro, pequeña y mediana empresa, hay que reconocer que su gobierno le dio continuidad al esfuerzo iniciado por Vicente Fox, y que le canalizó mayores recursos que en el sexenio anterior.

Sin embargo, la eficiencia del Fondo Pyme decayó, las reglas de operación se convirtieron en un lastre y los programas dejaron mucho que desear.

En todo el sector privado no hay prácticamente nadie que se congratule de la operación del Fondo Pyme, todas las opiniones relativas a la operación de dicho fondo son negativas.

Incluso el mismo secretario Bruno Ferrari reconoció ante el equipo de transición que se iba sin haber podido cumplir su propósito de simplificar las reglas de operación de ese Fondo.

Las opiniones expresadas al equipo de transición por el sector privado en relación con este tema son muy claras en cuanto a la necesidad de que tal política no desaparezca, pero lo son también en el sentido de que la complejidad, opacidad e ineficacia del programa llegaron a ser verdaderamente significativas.

De allí que la tarea que el nuevo gobierno tiene por delante es en verdad titánica.
Deberá recomponer algo que se rompió en el camino quién sabe dónde.

Lo más apremiante a recomponer son, sin lugar a dudas, las reglas de operación del Fondo Pyme. Probablemente, no exista ningún otro programa federal que haya complicado tanto las reglas del juego para los diferentes participantes.

Tal pareciera que el objetivo de los funcionarios encargados de elaborar dichas reglas era adrede, hacerlas más y más complejas, cada vez más difíciles de cumplir y, sobre todo, lograr que los beneficiarios tuvieran más problemas para la comprobación de los recursos y el cierre de los proyectos.

El espíritu original de la política delineada en los tiempos de Vicente Fox se olvidó en el camino, se perdió el rumbo, se abandonaron los objetivos de desarrollo, se desdibujó el horizonte y las metas no pudieron cumplirse.

El 1 de diciembre renace la esperanza.

CRÉDITO: 
Alejandro González