Árbol que crece torcido

En el fondo del jardín de la casa donde crecí, hoy en día hay un árbol de limón, cuando yo era niño, había dos árboles de higo, eran rectos y grandes, cuando menos para mi que era muy chico. Atrás de esos árboles había una buganvilia que cubría toda la pared del fondo. No sé cuántos años duraron esos higos, pero al final, les afectó una plaga y los tuvieron que cortar. De un lado del patio, mi papá construyó un departamento para los hermanos mayores, del otro quedó un retoño de higo que duró algunos años, y que al final fue sustituido por el limón.

Mientras que todo eso pasaba, la buganvilia fue creciendo y se fue robusteciendo, hasta tener un tronco de dimensiones bastante importantes, de tal manera que el limón no tuvo más remedio que crecer a la sombra de la buganvilia. Conforme esto sucedió, el limón crecía, pero buscaba el sol, por lo que el tronco se fue desviando de la vertical. Mi papá y los jardineros, le ponían varas y palos para enderezarlo, pero la voluntad del árbol por buscar el sol ganó siempre, al final amarraron con una soga gruesa el tronco del limón al de la buganvilia y lo tensaron para que se mantuviera lo más derecho posible, sin embargo, el tronco del limón creció torcido.

Con las personas y con las instituciones que creamos, sucede lo mismo. Al nacer un niño, los papás buscan amarlo, cuidarlo y educarlo, pero cuando los papás creen que llenar a los hijos de regalos y los sobre protegen confundiendo eso con cuidar y educar, el niño busca encontrar las experiencias necesarias para crecer en otro lugar y con otros satisfactores que lo confunden y mal forman su carácter.

Cuando un empresario, se acostumbra a ser el único que puede solucionar los problemas de su negocio y no procura rodearse de personal competente que vaya aprendiendo y dando forma a la empresa junto con él, crea un negocio unipersonal, que cuando deja de estar a su sombra, el personal que quede q cargo va a confundir sus objetivos y va a buscar caminos que lo lleven a la quiebra.

La formación de los hijos y de las instituciones se lleva a cabo desde su gestación, cuando educamos a los hijos y hacemos que la empresa trabaje con disciplina y valores, sembramos la semilla en un campo libre de sombras que los permita crecer con rectitud, con valores sólidos y con objetivos claros de lo que se tiene que hacer para progresar.

En el caso de la familia, los padres deberán enseñar y dar ejemplo de disciplina, valores y trabajo, y los niños crecerán viviendo esos conceptos y los aplicarán toda la vida.

En las empresas, el empresario o los accionistas deberán crear una cultura de disciplina, valores y trabajo, que permitan a todos los individuos colaboradores entender los verdaderos objetivos de la institución y lo que se tiene que hacer para alcanzarlos.

Todas estas reflexiones, las traigo, porque en mi experiencia, solo las empresas y las familias que nacen y crecen en esas condiciones, logran prosperar y trascender en las generaciones que siguen. El tema es que en nuestro país, las dos cosas se juntan y las empresas familiares que tienen esas condiciones tanto en la empresa como en la vida familiar, son las que tienen éxito y trascienden.

Cuando era niño, no entendía el refrán, hoy con la edad y la experiencia, me ha quedado más que claro. Al final tengo que decidir que hago con el árbol de limón, cortarlo o dejar que la gravedad lo acabe derribando. Saludos y hasta la semana que viene.